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El Hombre que
es un Teatro
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Por Miguel Pinheiro Hace diez años exactamente, el actor brasileño Raul de Orofino inventó el concepto del "teatro-pizza": "Me hacen pedidos por teléfono, y yo llevo la obra a las casas o a los lugares de trabajo". El hombre que popularizó la idea del teatro a domicilio y del llamado "teatro-empresa" se encuentra en estos días en Portugal, en la que es su tercera visita a nuestro país. En Brasil, fueron muchos los que le dijeron que los portugueses no sabemos reír, pero él discrepa radicalmente: "Tenéis un humor inocente y puro que es una delicia", asegura el actor con una sonora carcajada. Él es en realidad una mujer, que además está enamorada de un enano. No, no: él es más bien un homosexual que tiene problemas con su pareja. Aunque, a decir verdad, él es un parado que se ha quedado a cargo de las tareas domésticas mientras su mujer trabaja fuera. Nada de eso: él es un hombre normal que intenta sobrevivir a la rutina. Pues tampoco. ¿Cómo que tampoco? Bueno, sí. O mejor: más o menos. Ese "él" al que me he estado refiriendo confusamente en las últimas líneas es Raul de Orofino, que encarna todos esos personajes en la obra Mario, tu humor está en el armario, pieza que el autor y actor teatral brasileño, especializado en teatro a domicilio y teatro de empresa, ha traído una vez más a Portugal. Aún peor. Me da la impresión de que todo se ha liado definitivamente. ¿Cómo es eso? ¿Teatro "a domicilio"? ¿Teatro "de empresa"? Calma, que ahora lo explico. En realidad es muy sencillo. Se trata de lo siguiente: la culpa, en principio, es de Collor de Mello. Exactamente: de Collor de Mello. En 1992, el presidente de Brasil más odiado de todos los tiempos adoptó la medida económica más odiada de todos los tiempos: el bloqueo de las cuentas corrientes de todos los brasileños. El resultado no fue nada brillante: desapareció el dinero, y por lo tanto el consumo. El teatro fue una de los primeros afectados en esa época de restricciones y de apretarse el cinturón. "La gente dejó de acudir a las salas de teatro porque no tenía dinero", recuerda Raul de Orofino. El milagro. Puesto que la gente ya no iba al teatro, sólo se adivinaba una solución: llevar el teatro a la gente. Esto es lo que hizo Orofino. Reunió a veinte personas en una sala y les demostró que era posible hacer teatro en cualquier parte. Su primer cachet, más que simbólico, fue ridículo: 500 escudos. Pero poco más tarde presenciaría el milagro de la multiplicación del dinero, y de los espectadores. Se puso en marcha el boca a boca, y en poco tiempo el teatro a domicilio se convirtió en una moda imparable en Brasil. A partir de 1992, Raul de Orofino formó un equipo imbatible con Irene Ravache (la Eleonor de la telenovela "Suave veneno"), que comenzó a dirigir sus espectáculos. Se descubría de esta manera el huevo de Colón: el teatro fuera de los teatros llegaba para quedarse. En 1993, a una de las piezas de Raul de Orofino le crecieron alas: la compañía aérea brasileña TABA contrató al actor para que representase una pequeña obra en el vuelo Rio de Janeiro – Belo Horizonte. Durante tres meses, Raul de Orofino vivió a caballo entre ambas ciudades haciendo reír a los pasajeros. Se dio la circunstancia de que uno de estos pasajeros, que en su vida se había reído tanto en un avión, era un ejecutivo de la empresa de ascensores Otis. Y dicho ejecutivo le hizo al actor una propuesta que vendría a cambiar su vida: ¿no le interesaría representar una obra en su empresa? Desde luego que le interesaba. Fue en ese preciso segundo, con un leve oscilar de asentimiento de la cabeza, cuando nació el teatro en empresas. En Portugal. El parto resultó sencillo, y la criatura ha crecido fuerte y saludable desde entonces. Raul de Orofino presentó su trabajo en empresas repartidas por todo Brasil. El año pasado, este hombre que se confiesa "enamorado de los portugueses", decidió venir a nuestro país por si los empresarios de este lado pudieran tener algún interés en su propuesta. Se interesaron, y no poco. Después de haber estado en nuestro país en diciembre para representar una pieza en el Hotel Sofitel de Lisboa, Raul de Orofino regresó en marzo con el encargo de realizar una serie de espectáculos, entre ellos, el que tuvo lugar en la fiesta de cumpleaños de Lili Caneças. Y en estos días, el actor ha vuelto para traer sus personajes a la Peugeot y a la empresa de publicidad Edson / FCB. Pero, ¿qué es lo que ganan las empresas con las actuaciones de Raul de Orofino? Mucho. El mensaje del actor se centra en que el humor nos ayuda a sobrellevar, con facilidad y entereza, las transformaciones en nuestra vida personal o en nuestro trabajo. "Un trabajador de buen humor está más abierto a los cambios, y le resulta más fácil asimilarlos, que otro con actitud negativa", explica el propio actor en su página en internet (http://home.openlink.com.br/teatrodeoro). El deseo de Raul de Orofino por trabajar en Portugal y en Europa no deja de crecer. Le gustaría hacer teatro en lugares inimaginables anteriormente. Los interesados sólo tienen que llamar por teléfono, consultar la carta y pedir una pieza. Es tal y como dice él mismo: "El teatro es justo lo mismo que la pizza: se pide, y yo lo llevo hasta las casas o a los trabajos".
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