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Humor
Es Dinero
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Por Pedro Vieira No hay camerinos, ni focos, ni telón. Apenas un perchero con algunas ropas y Raul de Orofino, de 38 años, actor y autor brasileño, que se va transfigurando en sucesivos personajes con ayuda de una frasco de agua y de un cepillo para el pelo, para peinar y repeinar una cabeza medio calva. El público está formado por cerca de 50 personas, en su mayoría caballeros con corbata, más algunas damas: parte de la plantilla de una empresa de seguros. Al fondo de la sala, un colaborador de Raul inyecta la banda sonora que, a lo largo de 50 minutos, jalonará la comedia Mario, tu humor está en el armario. Algún que otro aparte y risas nerviosas denotan alguna expectativa y desconfianza en relación a un espectáculo más, integrado en el plan de formación de la empresa. Raul de Orofino le pide al público que se acerque. La proximidad acentúa la intimidad propia de la representación. Para abrir la serie de cuatro situaciones vividas en el consultorio de un psicoanalista, escoge una historia capaz de conquistar con facilidad a la concurrencia. Se gira pudorosamente hacia la pared y se cambia los pantalones y la camisa por una combinación, sobre la cual se pone una falda y una blusa. Y ahí está Ana Lucia, que sale con un enano, Hugo de nombre, y que habla de la perplejidad que este hecho provocó en su madre y en otros familiares. La sigue un marido en paro que no logra adaptarse a las exigencias de las tareas domésticas y del cuidado de los niños. Después viene un gay que se queja de su compañero, que "desde que llegó a gerente de banco se puso aún más insoportable". Para terminar, un niño de once años que ayuda a su padre a vencer la rutina. De todas formas, al igual que esta última, todas las situaciones tienen un desenlace positivo. Finalizado el espectáculo, y con el público más relajado, se sigue un periodo de diálogo. En la tradición de Esopo, Fedro y La Fontaine, el actor desvela la moraleja de sus comedias. "Está todo basado en el cambio de hábitos", destaca. "La cuestión es enfrentarse con lo nuevo, vencer el miedo a lo nuevo, el miedo al riesgo". El arma de Raul de Orofino es el humor y su poder aglutinador. "No el humor agresivo", advierte, "que no es aglutinador, sino el humor cariñoso". De ahí que el comediante no esté de acuerdo con el refrán "Muito riso, pouco siso" ("Mucha risa, poca cabeza"), lamentando que hayamos crecido escuchando que "reír no es propio de personas serias". Teatro empresa Contratado por la Compañía de Seguros Axa, Raul de Orofino hizo, recientemente, cinco espectáculos en Lisboa y Porto para directivos medios y superiores de la empresa, y cuatro más por iniciativa de Axa Portugal Vision. Ya estuvo en Lisboa para presentar Mario, tu humor está en el armario a 80 empleados del Hotel Sofitel. Piensa regresar a mediador de año y levar su comedia a España e Italia. Natural de Rio de Janeiro, ya comenzó a representar desde joven. Aunque pertenece al país de las telenovelas, sólo trabajó para la televisión en 1985, en Antonio Maria, una serie de la TV Manchete con los actores portugueses Sinde Filipe y Eugénia Mello e Castro. No frecuentó la escuela de teatro, pero dice que su "escuela de verdad" fue Irene Ravache (la Eleonor de la telenovela Suave Veneno). En el inicio de los años 90, el plan de austeridad de Collor de Mello lo dejó sin subvención para montar una pieza en Rio de Janeiro. E, impulsado por el "instinto de supervivencia", reunió a veinte personas para comprobar los efectos de su trabajo. Y decidió: "Voy a hacer teatro aunque sea en la casa de la gente". Comenzó así el "teatro a domicilio", esto es, en casas particulares, que piden una pieza como quien pide una pizza. A finales de 1992, la obra Beso de humor, dirigida por Irene Ravache, comenzaría a ser solicitada por empresas. Una demanda que aumentó después de que el actor hiciera "teatro de avión" en el puente aéreo Rio de Janeiro-Belo Horizonte. El trabajo de Raul también entró en los hospitales, primero para los enfermos, y después en actividades de formación para médicos y enfermeros. En un hospital de Rio, un enfermo de sida le dijo: "Mario, me gustaría tanto que la enfermera viese esto para que me tratara mejor". Incluso cuando su propia madre entró en cuidados intensivos con un tumor, Raul de Orofino continuó representando para enfermos con cáncer y sida. "Esto que has hecho hoy por mí ha sido mejor que cualquier medicina", llegó a oír de uno de esos espectadores. En su currículo, se encuentran grandes compañías de Brasil. Y no le faltan clientes. Raul de Orofino no revela cuánto recibe por su trabajo, pero reconoce que "está muy bien pagado". Él sabe que cuando Mario saca su humor del armario, mejora su rendimiento y hace aumentar los resultados de la empresa. "Humor es money", declara a VISÃO. Hijo de la Terra Nostra En los primeros episodios de Terra Nostra, antes de que se convirtiera en un "culebrón", Raul de Orofino veía como su padre seguía la saga de los que emigraron de Italia a Brasil, como él. Llegado a Rio de Janeiro con 11 años, pero en un barco en mejores condiciones que los de la telenovela que se exhibía en la SIC, comenzó a trabajar a los 13, en la zapatería de su padre, esto es, del abuelo de Raul. Hijo único, Raul de Orofino, que conserva la doble nacionalidad, brasileña e italiana, dice que fue educado de manera que no tuviera que depender de nadie para encontrar trabajo. "Mi padre siempre tuvo miedo de que yo estuviese en manos de otras personas", revela el actor, que ve en eso una señal del "instinto de supervivencia" de los emigrantes. |