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Jornal do Brasil; 13-10-93
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por Irene Ravache.
En
cierta ocasión, mientras un grupo de hombres estaba conversando, uno
de ellos comenzó a defender sus ideas con especial vehemencia y vigor.
Incluso llegó a levantarse, y entonces los otros permanecieron sentados,
escuchando lo que aquél decía. De esta manera nacieron el primer actor
y los primeros espectadores. Me gusta mucho esa idea: que no hace falta
gran cosa para que el teatro tenga lugar. No debe resultar extraño que
el teatro provenga de realidades cotidianas. Precisamente, tuvo su origen
en la calle, en los juegos de los saltimbanquis. Y en un país con grandes
carencias, como Brasil, es natural que se retorne a aquella vía. Aunque
lográramos juntar a veinte grandes actores para representar una pieza,
no conseguiríamos encontrar un local donde llevarla a cabo.
El alquiler de un teatro es
muy caro. Eso conlleva que, en muchas ocasiones, los jóvenes actores
no vean más salida que el trabajo en la televisión. Pero a algunos de
ellos lo que les gusta de verdad es el escenario. Ése es el caso de
Raul de Orofino, creador del Teatro a Domicilio, que luego yo misma
comenzaría a dirigir. Lo que me entusiasmó del proyecto fue la osadía
de este actor, que decidió hacer de todas las casas su escenario. Tras
esta decisión no debe verse únicamente la búsqueda de una producción
económicamente más viable, sino también el empeño de un actor en ejercer
contra viento y marea su profesión, negándose a renunciar a su sueño.
Representar
a bordo de aviones es una consecuencia del Teatro a Domicilio. También
es una manera de ampliar y consolidar un público que ya era aficionado
al teatro, pero que había dejado de frecuentarlo. Por otro lado, el
Teatro a Domicilio es también peculiar porque se desarrolla en la intimidad:
el hecho de que alguien reciba a un extraño en su casa ya es un acontecimiento
singular. Pero el espectáculo no incomoda porque se lleva a cabo con
mucho tacto, teniendo en cuenta que hace falta mucha delicadeza para
entrar en las casas de los otros entendiendo que es posible tocar cualquier
tema siempre que no exista una predisposición al conflicto, sino un
deseo de intercambio y conversación.
(*Irene Ravache es actriz,
y dirige actualmente el Teatro a Domicilio)
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