Reír
es la mejor medicina
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Por Nuno Trinta de Sá "Soy autor, actor, escenógrafo y productor. Soy el responsable de la gestión de mi carrera y de mi empresa. Soy dueño de mi trabajo, el de actor-formador, que quiere contribuir a la felicidad de la gente. Hago todo con el corazón y con todo mi cariño". Así se presenta Raul de Orofino, el brasileño que lleva a cabo espectáculos de teatro y formación en varias empresas portuguesas con el monólogo Mario, tu humor está en el armario. "El humor es mi arma para el cambio de mentalidades todavía cerradas, para barrer prejuicios. El humor es una vía de conocimiento, armoniza el ambiente de trabajo, mejora la productividad a las empresas (luego, da dinero) y, sobre todo, es muy beneficioso para la salud", dice Raul de Orofino, para quien reír es un asunto muy serio. "Está científicamente probado que, a través del humor, se puede prolongar la vida de enfermos en estado terminal, con sida o cáncer. El humor cura realmente. Cuando reímos, liberamos endorfinas, que anestesian dolores físicos y emocionales, además de reforzarnos el sistema inmunológico. Es evidente que un trabajador de buen humor está más dispuesto a emprender cambios y piensa, crea y produce mejor". Hombre de gran sensibilidad y profundas convicciones, Raul de Orofino argumenta: "La vida tiene que ser encarada con humor, para que nuestros planes personales y profesionales vayan adelante. Sólo con la mente limpia de miedos podemos realizarnos en cualquier área. Por otro lado, tenemos que darnos cuenta de que no somos iguales todos los días. Por eso, tenemos que ser tolerantes con nuestro colega de trabajo y estar preparados para el cambio. Sobre todo, tenemos que amar, y hay muchas formas de hacerlo, comenzando por valorar a la persona que está a nuestro lado". Los elogios al trabajo de Raul de Orofino llegan de Portugal (del Hotel Sofitel o de la aseguradora Axa, por ejemplo), de Brasil (de compañías como la Volkswagen, Coca-Cola, Avon, Hewlett-Packard o Petrobrás) y promenten seguir llegando del resto de Europa y también de América. Pero, en definitiva, ¿cuál es el mensaje de Mario, tu humor está en el armario, la pieza que hace reír hasta saltar las lágrimas? Mario, tu humor está en el armario Sobre el monólogo, dice Raul de Orofino: "La pieza trata sobre la familia y las relaciones. Todo se desarrolla siguiendo varios principios de calidad total, y la base es el cambio de hábitos. Me pareció que, si hiciese una pieza sobre la familia, todo el mundo entendería el mensaje, desde el operario al gestor". La familia como metáfora de las relaciones entre trabajadores, la casa como metáfora de la empresa. A lo largo del espectáculo, cuatro personajes (todos interpretados por Orofino) muestran cómo enfrentan las dificultades que llegaron con los cambios de su vida cotidiana. Desde una mujer enamorada de un enano hasta un gay (Clayton) con problemas con su compañero prepotente (Dudu), pasando por Carlos Alberto, un ejecutivo en paro y transformado en amo de casa, o por el hombre vulgar que se enfrenta a la dureza de la rutina, todos los personajes son caricaturas muy reales. En el espectáculo, cuando Raul se transforma en Ana Lucia, los espectadores se quedan mudos de pasmo. Es el clímax de la actuación. "Es una escena que causa un choque, una fuerte impresión que sirve para desterrar muchos prejuicios", afirma. ¿Y qué hay de la tan sonada guerra de los sexos en el trabajo? "A menudo se confunden las cosas. La mujer, para ser una ejecutiva triunfadora, no necesita ser autoritaria o volverse masculina, ni un hombre intuitivo, afectivo y sensible es necesariamente homosexual. El hombre y la mujer se complementan. Al respetarse las diferencias, se promueve la igualdad". ¿El mundo empresarial no es demasiado frío para un artista? "No, en absoluto. Las personas son personas en cualquier lugar o situación. En mis representaciones las miro a los ojos, ellas se dan cuenta de que estoy allí por su causa y se sueltan. Como la pieza es intimista y aborda cuestiones universales, tanto un portugués como un brasileño reaccionan de forma semejante". Después de la actuación, el hombre del "teatro-empresa" modera un debate que analiza el contenido de la comedia derivando hacia los temas previamente propuestos por la empresa. Se une lo útil a lo agradable. Pizza, Collor e Irene Raul de Orofino, "político", "humanista, sin ser de izquierdas o derechas", natural de Rio de Janeiro, de 38 años, hijo único de padres ya mayores, con doble nacionalidad –brasileña e italiana (el padre es italiano)-, cuenta ya con 21 años de carrera. Pisó por primera vez un escenario a los cuatro años, en Sonho do Palhacinho, y desde los trece actuó sin parar. Comenzó a actuar profesionalmente en la pieza de Luis Mendonça Concerto para Virgulino sem Orquestra, en el Teatro Glauce Rocha, de Rio. "Nunca tuve grandes éxitos antes del teatro a domicilio". Si detrás de un gran hombre hay siempre una gran mujer, en su caso ésta fue la actriz Irene Ravache (la Eleonor de la telenovela Suave veneno), que lo dirigió en Beso de humor (1992) y en Las ventajas de ser bobo (1994) y es quien ejerció en él una mayor influencia –"la escuela de verdad". No frecuentó la escuela de teatro. Después de haber sido, durante una década, "un buen" profesor de teatro, la vida de los escenarios comenzó a irle mal. La crisis se cebaba en Brasil. "Fernando Collor de Mello dejó de conceder subvenciones a las piezas, los actores dejaron de trabajar y la gente dejó de ir al teatro. Entonces, yo pensé: si no encuentro trabajo, aunque sea voy a llevar las piezas a las casas particulares". Dicho y hecho. El plan de austeridad de 1990 era de esta forma superado con humor y comenzaba el concepto "pizza": "Tú me pides una pieza, y yo la entrego en tu casa o en tu trabajo". Además del "teatro a domicilio", Raul lanzó el proyecto "Teatro-Empresa" (realizado en empresas, escuelas, facultades, convenciones, hoteles y hospitales). En 1993 creó el "Teatro a Bordo", enorgulleciéndose de haber sido el pionero mundial en la representación de piezas... ¡en aviones! Volar rumbo al futuro En pleno vuelo entre Rio y Belo Horizonte, actuó en Un hombre en el aire. "Casi todo el mundo se olvidó del miedo a viajar en avión. ¿Te das cuenta de cómo el humor puede curar?" El hecho pionero llamó la atención de la revista Time. Raul ya perdió la cuenta del número de espectáculos que ha concebido. "Son algunos millares", asegura. Lo que no olvida es el momento en el que comenzó a escribir las piezas. "Al principio no tenía dinero para comprar los derechos autorales de las piezas que quería. Como "tenía buena mano" para la pluma y "escribía rápidamente", le tomó gusto. Hoy no quiere otra cosa. Su padre le admistra la Teatro-Empresa, que trabaja con dos productores de la Triângulo Mágico, en Rio. En Portugal, Raul cuenta con la colaboración de la pareja de productores Luís Miguel y Graça Carvalho. En este momento, está finalizando el guión de una película brasileña, tiene su propia página en internet (http://home.openlink.com.br/teatrodeoro) y planes ambiciosos: "Quiero dirigir cine y televisión. Ahora pienso llevar mi trabajo a más países europeos y apostar en el mercado americano, con calma, con realismo". A Portugal, país del que provienen los mayores elogios, regresa con frecuencia, para llevar nuevos bríos a más empresas. Orofino revela que se está enamorando de la ficción nacional. Como no muere de amores por la televisión –"es raro encontrar grandes actores no menospreciados frente a los artistas de la televisión, y se hace difícil ver las telenovelas, que muestran una realidad irreal"- en la que apenas puso el pie, en 1985, en la serie de la cadena Manchete António Maria (al lado de los portugueses Sinde Filipe y Eugénia Mello e Castro), ¿quién sabe si dentro de no mucho lo veremos por aquí, sobre un escenario o en la gran pantalla? Talento tiene de sobra.
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