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Una exquisita comedia
Raul de Orofino ha encontrado en las empresas su escenario preferido. Mediante la comedia, ayuda a superar los prejuicios.
Expresso - Portugal, 16 de febrero de 2002, suplemento Vidas

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Por María João de Almeida

"Un buen estado de ánimo permite que los trabajadores estén más abiertos a los cambios, mientras que con una mentalidad negativa se obtiene el efecto contrario". Esto es lo que asegura Raul de Orofino, un actor brasileño de cuarenta años que descubrió que el teatro humorístico también puede ayudar a las empresas a orientar con mayor facilidad a su personal.

Provisto únicamente de una silla, un perchero y algunas prendas de ropa, Raul despliega todo un espectáculo. Con la sala de juntas de una empresa como marco, la comedia comienza con la irrupción de una animada música. En principio el público permanece en silencio pero, al cabo de pocos segundos, se produce un estallido de carcajadas: de repente, el actor se ha quitado la ropa y se ha vestido con otra de mujer mientras bailaba sin gran habilidad. A continuación comienza la primera historia, que consiste básicamente en la conversación entre una mujer de clase alta y su madre, a la que no le gusta mucho que su hija salga con un enano, que, por si fuera poco, pertenece a una familia en la que todos son enanos. Al final, con otra música de fondo, Raul se desnuda una vez más y se viste para encarnar a un hombre desempleado que procura asumir la responsabilidad de las tareas domésticas y de la educación de los hijos. Hay además un detalle que se debe tener en cuenta: este parado está casado con una mujer triunfadora. Las historias y situaciones insólitas van sucediéndose hasta que Raul termina vistiéndose de sí mismo y se dispone a responder cualquier pregunta que el público quiera hacerle.

Por el escenario improvisado del Teatro Empresa, y al son de un popurrí musical, pasan cuatro personajes, todos ellos interpretados por Orofino: Ana Lúcia, una joven enamorada de un enano; Clayton, un homosexual con problemas conyugales; Carlos Alberto, un parado que ha pasado a ser el responsable de las tareas del hogar; y Mario, un hombre que aprende a sacar el buen humor del armario donde la rutina lo había encerrado y olvidado. Todos ellos tienen algo en común: tanto sus tristezas como sus alegrías hacen reír inconteniblemente a quien las escucha. Los cuatro, por otra parte, cuentan historias "creadas a partir de conceptos empresariales traducidos a un lenguaje sencillo y directo", dice Raul de Orofino, actor desde los diecisiete años. Son rodajas de la vida privada de cuatro personas que muy bien podrían ser muestras de la vida cotidiana en la empresa. Tras el espectáculo, Raul da una pequeña charla en la que aclara los mensajes de cada historia, adaptándolos a la realidad de la empresa en cuestión.

Hay determinados muros, como los prejuicios, que hacen dificultoso mirar más allá e impiden tomar decisiones o asumir cambios. Por otro lado, en muchas ocasiones la vida en familia puede presentar claros paralelismos con situaciones que se viven con frecuencia en las empresas.

A través de las historias escritas por el mismo actor, Raul de Orofino consiguió conquistar el mundo empresarial, pero fue más allá actuando en fiestas privadas, en aviones (para distraer a los que tienen miedo a volar) e incluso en plataformas petrolíferas.

Su pasión por los monólogos teatrales le llegó durante la adolescencia, cuando comenzaba a asistir a clases de interpretación en la escuela: "Jaime Barcelos, el actor que hacía de Ezequiel en Gabriela, fue profesor mío, y él fue quien me animó a seguir este camino al invitarme a participar en una pieza de estas características. La verdad es que yo me quedé bastante contrariado, porque lo que realmente quería hacer entonces eran papeles dramáticos", comenta Raul.

Más adelante, hizo un curso de formación con un grupo de dirección de actores en el Teatro dos Quatro, lo que le permitió perfeccionar su técnica e impartir a su vez clases de teatro en diversas instituciones brasileñas durante once años. También participó durante ese tiempo en algunas telenovelas.

La idea de comenzar a hacer teatro a domicilio (www.rauldeorofino.com) se le ocurrió por casualidad: "En 1990, Brasil entró en una profunda crisis como consecuencia de la política de Collor de Mello. Desaparecieron las ayudas institucionales, y entonces pensé: si ya no hay dinero para las salas de teatro, ¿por qué no llevar el teatro a las casas de la gente?". A continuación le pidió a una amiga que reuniera a un grupo de personas en su casa, realizó el experimento, y salió perfecto. "Al público le encanta porque no es habitual encontrarse con un actor que habla tan cerca de los espectadores".

Hasta 1993, Raul fue de casa en casa y de fiesta en fiesta, hasta que se le pidió que actuara en un puente aéreo entre Rio de Janeiro y Belo Horizonte. En uno de estos vuelos, un hombre de negocios lo invitó a representar la pieza en su propia empresa. "La historia trataba de ruidos en la comunicación de las parejas. Sólo tuve que adaptar un poco el texto para que hiciera referencia a problemas de comunicación entre compañeros de trabajo".

Desde aquel momento no ha dejado de actuar incansablemente. Su estancia en Portugal, hace dos años, le permitió entrar en las empresas y los hogares portugueses: "Apenas llegué me dijeron que los portugueses no sabían reír, pero eso, afortunadamente, era tan sólo un tópico. El pueblo brasileño es más alegre, más desenfadado, pero el portugués tiene un humor más puro, y eso está muy bien".

A pesar de no parar en ningún lado, Raul todavía encuentra tiempo para actuar en España e Italia. En Portugal, su próximo proyecto consiste en otra pieza de teatro, pero esta vez abierta al público en general y en la que estará acompañado por un actor portugués: "No comparto escenario con nadie desde hace once años, pero esta historia trata de un portugués y un brasileño traicionados por sus mujeres. En realidad pretende ayudar a comprender determinadas situaciones para, a partir de ahí, aprender a mejorar la vida en pareja".